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jueves, 11 de marzo de 2021

~ Regalo~ A Wynnter

Cuando duerme ~

(Asterión x Algol )



Cuando duerme parece otra persona, Era curioso. Ahora mismo lucía tan pacífico, tan blando. Casi dulce.


Tal pensamiento provoca en Asterión una risita baja.. 


Su cabello rubio se desparrama por toda la almohada y parte de su rostro. Su ceño relajado y la boquita ligeramente abierta. Tanta ternura que provoca escalofríos. 


 Asterión aprovecha la oportunidad de peinar ese mechón de cabello rebelde de su rostro y seguir contemplando al árabe en un silencio solemne. 


 Para lo demás es El más feroz, cruel y peligroso caballero de plata. Incluso con él tiene que fingir ser así.


No le molesta en absoluto. Al fin de cuentas esa fue una de las razones por la cual empezó a atraerle. Esa sed de sangre. Esa hosquedad. La presencia que intimidaba hasta al más valiente.


 ¿Cómo se llamaba eso?. Ah! Sí. Carisma.


No fue extraño que estuviera atraído cual polilla a la luz. No fue extraño empezar a coquetear con él. A ofrecerse sin reparos ni condiciones. 


Afortunadamente. Algol correspondió sus coqueteos — poco discretos, eso sí — y pronto empezaron con los jugueteos.


Algol le gusta tener el control. Y Asterión goza con llevarle la contra.


 Enervarle, provocarle, enloquecerle. Al sabueso le provoca un gran placer eso.


Al principio Algol pintó bien la línea divisora en donde podía cruzar Asterión emocionalmente. Y era comprensivo que lo hiciera así: no sabían si iban a sobrevivir en su mundo lleno de batallas, misiones peligrosas y una guerra próxima.


¿Por qué complicar las cosas?.


De nuevo Asterión llevó la contra. La razón era sencilla: SATORI.


El don de leer mentes y corazones. Don que le hizo comprender que la gente engañaba y mentía con lo que pensaba y decía. El don que le mostraba lo doloroso del arrepentimiento.


Asterión podía tener mil defectos. Mas era honesto y sincero. 


Ahí la verdad: Estaba enamorado de Algol y no iba reprimir sus sentimientos ni a respetar la línea imaginaria que Perseo había pintado frente a él.


Algol si que lo trata de ocultar.. Por eso han habido ocasiones en que intenta alejarse. Lo intenta. Lo intenta con todas sus fuerzas.


Pero siempre regresa con su sabueso, quien lo espera con todo y esa sonrisa odiosa de autosuficiencia. Regresa con el por que puede relajarse de sí, por que se siente seguro, cobijado, entendido….amado.


Ante los demás es un tanto engreído, demasiado arrogante. Tiene que ser así y además tiene razón en serlo. Pero su arrogancia no le hace bajar la guardia ni subestimar a sus adversarios. 


Él es el portador de Medusa, es el escudo en las filas plateadas. Tiene que repeler a sus contrincantes, debe defender a los suyos….debe protegerse así mismo.


Hay noches que se olvida de quien pretende ser y sus manos acarician de forma delicada. Sus manos se pasean por la anatomía delgada de Asterión, lo hace con suma delicadeza.


Asterión lee su mente. Algol lo vislumbra como una escultura de piedra. De  mármol. De bronce. 


Debe ser su fetiche. 


Esculpe con fuego cada uno de sus músculos, cada costilla con total dedicación, y el danés ahí, apretando los ojos para no moverse demasiado. Es parte del juego y no quiere que Perseo se convierta en Medusa.


Ante los demás no duda en sus decisiones. Nunca. Su seguridad te aplasta y su carisma hace que te apartes de su lado, por que le estorbas. 


!Ah¡ como  le encanta dar órdenes el muy maldito.


Al dormir cae en un sueño tan profundo y tan sereno que parece que nada le preocupa en la vida, que no tiene estrés; parece que es el sueño de un hombre con conciencia limpia. 


Le gusta verlo dormir, meterse en su mente. Es un lugar silencioso, sin ecos. Sin demonios. Algol solo tiene un sueño: el desierto donde nació.


Ante los demás muestra una sonrisa arrogante. Su risa es una carcajada pone los pelos de punta. La risa como un grito de guerra. 


Algol ríe mientras ataca.


Cuando está con el solo sus ojos sonríen. Un poco, solo un poco.  


Le gusta cuando duerme, pero le gusta aún más cuando, muy despacio, despierta. Su respiración pesada cambia. Carraspea por la garganta seca y poco a poco abre los ojos, perezoso, perezoso.


Al sabueso, le gusta cuando duerme, le gusta cuando despierta y lo que más le encanta es que lo primero que ve sea a él. 


Asterión devuelve la mirada y sonríe.


“Deja de verme” piensa fuerte. Incómodo.  


Piensa que está soñando, duda que sea el sabueso. Entonces aspira y reconoce su aroma tan particular..


 Su olor, lo lee en su mente, le hace recordar lo mucho que se amaron en la noche, lo que rugió al terminar.


Recuerda que dijo: Te Amo.


Se avergüenza de ello.  Hay una lucha en su interior y duda si ponerse o no su mejor mascara de petulante engreído. O si será mejor fingir que nada pasó. 


Lucha y lucha para cubrir las palabras dulces que se suspiraban mientras besaba mi espina dorsal, mientras le montaba.  


“No señor, no se lo permito”


Antes de colocarse su máscara él lo besa.

 Antes que sea como quiere que lo vean los demás él desnuda su verdadero ser. 


Besa su boca, se coloca sobre él.


—- Mirame


Endereza su cuerpo para que tenga una vista panorámica de este. Sabía que le gustaba las marcas de sus músculos a los costados, así que colocó sus manos en ese lugar.


— Algol , Algol…¿cuando serás más sincero ?


Sabía como le enloquecía la manera en que se movía y sus miembros se restregaban mutuamente.


— No temas decirlo. Tampoco es tan necesario que lo digas…— Asterión lo dice tranquilo, acariciando su rostro e inclinándose para besarle. — yo lo sé. Solo yo. 


Algol devuelve el beso de forma lenta y profunda.  Se deja llevar tras un largo suspiro. Muy muy largo suspiro que le sabe bien. Que lo derrota.


— Hablas mucho, Aste. 


Sobre sus labios se estira un sonrisa y una risa traviesa se escapa.


— Así me amas.


Rodando sobre la cama, Algol lo somete para quedar debajo suyo. Quizá para obligarlo a callar. Aún así no puede ocultar su rostro ruborizado cuando le dice que Sí. Que así lo ama.  



*************


Hola Wynnter bebe! ¿Cómo estás.? 


Este es mi regalo de cumpleaños de mí para ti. Una disculpa por la redacción, llevo un año sin escribir y se nota! ^^u 


Pero ha sido con todo mi cariño y hamors.

Espero que te lo pases bien en tu cumple.







sábado, 25 de julio de 2020

~Tormenta y guerra ~ [Siegfried-Aioros]


  
La alianza había llegado a su fin.

Una nueva guerra iniciaba. Los hijos del Sol. Enfundados en sus brillantes armaduras doradas; mantos sagrados bendecidos por su diosa y las constelaciones del firmamento. Los hijos de la luna y la noche sin estrellas. Fortalecidos por el frío Y la noche.

Encabezando a cada ejército; los líderes caminaron para encontrarse en un último intento para retrasar lo inevitable. El viento helado del norte gemía como un lamento doloroso.  

-  Siegfried.
-  Aioros. 

Un relámpago repentino reflejó la silueta del mundo a su alrededor: cada roca, cada charco , cada rostro quedaron perfectamente bien iluminados. Las sombras que proyectaban esos hombres reflejaban su verdadera naturaleza. Un Centauro alado y un dragón de dos cabezas casi chocan y se devoran entre sí, a no ser porque después del relámpago, la luz fue tragada por una oscuridad más profunda. El trueno retumbó y rugió.  

- Aún puedes rendiros. Sabes muy bien, que la orden de Athenea jamás ha perdido. Sabes que hay un equilibro que mantener. Por Favor, Siegfried.

Siegfried estuvo a punto de sonreír. Sus dos voluntades chocaron como un par de cimbeles y el aire se espesó entre ellos. Sin embargo, en los ojos claros de Alpha no se hallaba la frialdad que le caracterizaba. Su gesto adusto se suavizó al ver al griego. Noble Aioros, pensó, tan cruelmente iluso. 

 - Aioros... - su voz profunda acarició cada letra - El equilibrio se ha roto desde antes, ya lo sabes. No nos rendiremos.

Lo sabía. Años atrás, hubo un intento de pactar una alianza. Había acompañado a su Diosa en aquel concilio con la valkiria portavoz del Dios Odín. Y ahí lo había conocido. Aioros sintió un estremecimiento que sacudió sus entrañas, dejándolo sin aire. Y Alpha no fue capaz de dejar de verle. El griego era el sol que su gente no conocía. El líder del Santuario era carismático y un hombre bondadoso, de sonrisa fácil que irradiaba calidez. Fue él quien se le acercó con el tarro de cerveza más asqueroso y aguado, ignorante en usos y costumbres de Asgard. Adorable, pero peligroso. 

 Creía que el futuro para ellos era brillante, que las cosas mejorarían porque la justicia estaba de su lado. Hablaba de cómo el amor podía salvarles. Y Siegfried quiso creerle. Pero el reservado y serio nórdico era un hombre realista. Aún así, se engañó así mismo. Esa vez y muchas veces más pactaron en saliva y en semen la paz entre dos órdenes opuestas. Gimieron por una alianza en una pequeña cabaña en las entrañas del bosque oscuro, entre las pieles de animales que Aioros aferraba con fuerza por cada embiste del dios guerrero.

Años después la alianza había llegado a su fin. 

La tormenta inició y junto a ello la guerra. Ambos dieron vuelta, dándose la espalda, cada uno con el corazón destrozado, pero con esperanza que el viento cambiara de dirección...y se llevara lejos la tormenta y la guerra.


**

 Mi tercer fic (o el ....segundo acabado jaja) , en el fickerday del foro STS Yaoi. Me toco Pryselle de orion ,que es un ser de luz y me emocionó que me tocara ella. La pareja un tanto crack, pero ya ven, lo crack me gusta jaja.

Tenia que ser un fic con 500 palabras nada más. Así que no podria explayarme como me hubiera gustado.

La verdad me gusto :p

martes, 21 de julio de 2020

~Monos, dudas y miel ~

Monos, dudas y Miel
(Shaka x Mu )
yaoi




Shaka abrió muy lentamente los ojos, y aún así tuvo que volver a cerrarlos por estar en el paso de un rayito de luz que se colaba por las gruesas cortinas color olivo. El aire hacía que estas cortinas se balanceaban perezosas, trayendo consigo el perfume de flores, aquellas del huerto fuera de la casa, esas que despertaban bañadas en el roció de la mañana y que se abrían para acoger a los insectos a ellas, aquellas hermosas flores que agradecían la luz con sus colores intensos y aromas. Esta fragancia se extendió por toda la habitación. 

Si uno prestaba atención, no muy lejos, los ruiseñores cantaban, para que entonando sus melodías respondieran los jilgueros, y a la vez contestaban las golondrinas. Shaka no sabría determinarlo. Eran aves cuyo canto en primavera es un llamado a sus parejas, un cortejo sensual que se acompañaban con todo un gracioso ritual, una danza de plumas y cantos. 

Tras estirarse muy bien  y bostezar. Shaka se enderezó, mirando con atención la habitación en donde había yacido. 

No era para nada igual a sus aposentos, allá en la india. 

En la india hacía mucho tiempo que no reposaba en una posición, por decirlo de algún modo, normal . No había cobijas ni almohadas, esas cosas materiales que hacen el cuerpo holgazán, las que te distraen de la disciplina y la vida concentrada. 

A diferencia de donde estaba, el único sonido que escuchaba antes era el sonido de si mismo emitiendo los diferentes mantras desde el centro de su cuerpo, el cual con la respiración, con el control de las cuerdas vocales, las placas de su cráneo, la energía de sí mismo evocaba el sonido del mundo entero. De ese modo hacía vibrar cada uno de sus chakras. El mundo y él se encontraban en completa armonía.

Sin embargo...

 Al abrir los ojos, Shaka solo veía un cuenco de agua y su rostro reflejado devolvía la mirada, una parecida a la de las esculturas de Buda:  profunda, vacía, elevada.  

Shaka, no tenía ninguna otra compañía más que sí mismo y los monos que lograban colarse por el templo. 

Los monos jugaban entre ellos, se peleaban, se apareaban, se masturbaban. Era como una señal muy obvia que el universo mandaba, como si fuera la forma de decirle: estos monos son la humanidad, seres sin razón, sin conciencia, seres que se dejan guiar por sus instintos animales  y sus deseos. Los monos representaban la pérdida de la razón  por las banalidades del deseo, de esas cadenas que atrapan al espíritu humano y que no le permitían trascender.

Shaka estaba más allá de todo eso.

Pero...

Desnudo en la cama, Shaka aspiró profundamente. Con sus dedos tocó la tosquedad de las cobijas que lo habían cubierto, aspiró el aroma de la madera de los rústicos muebles de la habitación. Había un librero con varios volúmenes de tomos y pergaminos.

Apegos.

 Había herramientas esparcidas por el tapete, había ropa. Había espejos y velas. 

Apegos.

La puerta se abrió y al verlo recordó lo ocurrido. La razón por la que estaba en aquel sitio.

Y es que los “sin embargos” se había juntado en su pecho. En su mente. Los “sin embargos”, de su altísima conciencia elevada y profundo conocimiento del universo era un lastre, los “sin embargos” no lo dejaban en paz. En su soberbia aquellos “sin embargos” le hacía sentir un vació cada vez más profundo, más insoportable. 

Fue así como decidió romper su meditación. Fue cuando decidió levantarse, salir del templo y caminar. Solo eso. Caminar.

La insoportable sensación de que algo le faltaba no lo dejaba en paz. Y las respuestas, no estaban en uno mismo, Buda no le respondía, el universo solo le mandaba monos y dudas. 

Shaka transitó muchos caminos, los recorrió, de pie, en barco, escalando. Shaka trabajó, ayudó  y trató con mucha gente con quien se topaba.  

Ahí se dió cuenta que era eso que le molestaba. Eso que irritaba su ser. Y es que había tratado con mucha gente, pero con ninguna persona, de ningún tipo era capaz de conectarse. Shaka era ajeno a sus sentimiento y carecía de empatía para entenderlos. Con el tiempo, el poco alimento que consumía y su escasa vestimenta; Shaka empezó a enfermar. Una tos dolorosa que le hacía escupir sangre. Su enfermedad era reflejo de su propia mente y alma. 

Nunca pidió ayuda. La soberbia de saberse casi iluminado lo alejó de la humanidad, e irónicamente eso lo alejó más de lo que buscaba.  

Eso hasta que le conoció. 

 
Fue en un lago, a las faldas de las montañas. Un sediento Shaka llegó a beber de ahí cuando escuchó unas risas animadas de unos niños chapoteando en el agua, inocentes y alegres.

“Monos”.

Y un joven cuidando de ellos. El más hermoso que pudiera haber visto en su vida. 

Shaka quedó congelado al verlo. 

Su sola presencia llamó su atención, y además como enfatizando este hecho este hombre era iluminado por un rayito de luz solar que se colaba entre las ramas de los árboles. ¿Será que el cosmos se burlaba de él?.

Este hombre enseñaba una clase de canto, o un rezo que acompañaba con movimientos , como si se tratara de una danza a los niños. Aunque ellos estaban tan distraídos en su propia diversión. 

Esa danza no era una danza cualquiera. Shaka podía notar que el hombre se movía en perfecta sincronía en que la tierra respiraba. Parecía ser un ser mágico hecho de aire, de agua y de tierra...y poseía la fuerza del fuego.

Pero más, él y los niños pelirrojos parecían infinitamente felices.

“Monos”. 

Shaka trató de apartarse de aquella desconcertante imagen que ha hecho que su corazón de un vuelco doloroso.  Pero la traicionera tos lo dejó sin aliento, lo dobló del dolor y lo dejó sin aire en el suelo, haciéndolos voltear. 

Mü, lo miró a aquel con alarma y preocupación.  El joven vestía con la indumentaria típica de los hombres de los himalayas. Uno podía cuenta por sus coloridos trajes tibetanos. Mu portaba una Chuba, la prenda tradicional de su gente. Consistía en un abrigo hecho con piel de oveja que lo cubría hasta los tobillos, del mismo modo está se unía a la cintura por una larga faja en la parte superior que se convertía en un gran bolsillo llamado AMPA. 

Mu sacó de su AMPA algo que tenía guardado, y tras indicar a los niños que siguieran jugando, se acercó a Shaka. 

ーToma, te ayudará.

Shaka bajó la vista observando lo que era ofrecido y tras pestañear un par de veces, río. En su vida había reído tanto. Y ahora que recordaba, estaba seguro que en su vida no lo había hecho. Mü lo miró curioso pues esa risa tenía un tono amargo y triste.

Luego volvió a toser y antes de que pudiera reaccionar, el hombre tibetano cubrió su cuerpo con su chuba, antes de reaccionar estaba aquel tibetano tocando su cuerpo, apretando algunos puntos en su pecho mientras que, con la otra mano  masajeaba su espalda con un tipo de hoja medicinal y cantos vibrantes como si fueran mantras. 

ー Da un mordisco..ー habló Mü, su voz suave, tranquila, era como una brisa dulce en un día seco. Y volvió a señalar lo que tenía entre las manos: un pedazo de panal con miel. ー  vamos, te hará sentir mejor.

¿Sentir? pensó Shaka tomando el pedazo de miel y llevándolo a la boca para endulzar su ánimo, para endulzar y calentar su espíritu tal como empezaba a sentir donde aquel había tocado. 

Shaka recordó la leyenda del Mono y de Buda. En este cuento, mientras Buda meditaba, un mono le ofrecía un pedazo de panal al Buda para que sirviera de alimento medicinal, mientras que el elefante saciaba su sed al llevarle agua con su trompa. 

No podía evitar darle gracia aquella comparación, que también le recordaba su falta de humildad…¿era por eso que se sentía tan vacio?.¿....tan solo?.

Mu, solo sonreía dulcemente y con esa misma amabilidad lo invitaba a su hogar. Shaka no se negó, lo cual era extraño y algo completamente nuevo para el. Desde ese primer instante en que le miró, sentía que podía confiar en aquel hombre...desde ese primera vez sentía como algo de él, se llenaba.

Al haber pensado en ese hombre como “un mono” también le hizo recordar el famoso mito del “Rey mono”. El arrogante e insufrible Rey Mono, que pensaba que realizaba una gran proeza y que, en realidad, sólo había había corrido alrededor de la palma de la mano de Buda. 

Había sido arrogante en pensar que estaba más allá que los demás. El no era más que cualquiera de todos los monos, ni siquiera su rey. Shaka se desmayó por cansancio, por desamparo, por el gran peso de la crisis que acaba de sufrir un segundo antes, se desplomó en los brazos de Mu como un muñeco de trapo roto, quien, a pesar de su apariencia, era fuerte. 

No costó trabajo cargar con el flamélico Shaka y aparte llevar todo lo necesario para su labor, agua, semillas y diferentes de plantas medicinales que el y sus hijos habían recogido después de agradecer y rezar a los dioses, y alejar a los demonios de la montaña.  

Mu vivía en la montaña, en un sitio privilegiado donde las flores crecían y el clima no era tan inmisericorde. Tenía la bendición de los dioses. En su humilde vivienda, en cama, enfermo, delirante,  Shaka sucumbió ante la densidad de su propio veneno. 

Con paciencia, el pastor tibetano, de alma ligera y gran corazón, cuidó de él durante todo el invierno. Lo escuchó sin intervenir, sin juzgar, sin falsas alabanzas ni engrosando su ego.

La vida de Mü en las montañas, junto a sus dos hijos, Kiki y Raki era pacífica, pero no por ella libre de preocupaciones o trabajo. También había momentos de enojos y tristeza. Pero Shaka observaba algo en ello algo mucho más profundo de lo que pudiera comprender.

Amor. 

Mismo que empezaba a surgir entre los dos hombres cuando Shaka empezó a recuperarse, cuando Shaka empezó a conocerle y tratarle. Cuando ambos trabajaban juntos, cuando trataban a las ovejas, o ordeñaban o recolectaban plantas. Fue como el regar una flor, como cuidar un polluelo que se había caído de su nido.

Mu le enseñó a Shaka otra forma de conexión con el mundo. La que existen entre las personas y la sana convivencia con el entorno. Los dos niños brindaban su inocencia contra su duro cinismo y humor agrio. 

El lemuriano también liberó los canales energéticos con su propio cuerpo. Una forma de evocar mantras por medio de gemidos, de gruñidos y jadeos que emitían cuando unían sus  ambos cuerpos y espiritus. Su cuerpo gracias a ello, junto a su mente y alma fueron purificandose. 

Todo había empezado cuando Mu, cantó y danzó con la tierra para agradecer. Era los mismos movimientos con los que lo había conocido y hechizado. Eran lentos, sensuales y mágicos. 

ーEl ritual de agradecimiento me recuerdan a las aves en primavera, Mu ー mencionó una vez, Shaka, viéndolo con un semblante muy diferente al que le había conocido antes. Era más relajado, suave y hasta dulce . 
 
Mu sonrió.

ー Es la época que las aves dedican sus cantos en busca de quien les responda...yo nunca dije que esto es un agradecimiento...ー  aún con esa gracia que no dejaba de ser varonil y que poseía la fuerza de su pasión ardiendo en sus ojos calmados, aun con esa sensualidad se acercó a Shaka y lo besó, ー esté si es un agradecimiento!, Shaka.

El rubio, devolvió el beso y el abrazo, y el sentimiento completo. ¿Por qué Mu le agradecia a el?. Rodeandolo con sus brazos, acariciando su espalda, presionando varios puntos de su cuerpo.

ー ¿Sabías que hay otra forma de llegar a la iluminación?

Shaka vaya que si lo comprendió. 

Ese día despertó por la luz solar, por el canto de los pajaros, por el olor de las flores. Enderezandose en la cama compartida ya desde hace ya muchos años. Vió esos apegos que había en la habitación, pero no le generaron mayor conflicto. Había despertado de un sueño en donde un mono le había ofrecido Miel y le recordó su arrogancia.  

Ese día despertó como muchas mañana anteriores, con la sensación de haber llegado al nirvana horas antes  tras un explosivo orgasmo que llenó todo su espíritu  y alma con toda esa energía primigenia, deteniendo por un segundo, solo un segundo la rueda del dharma, el samsara le hizo sentir llegar al moksha.. 

Mu entró por la puerta, trayendo un poco de té y sonriéndole con la misma dulzura que siempre. 

Hace tiempo que los niños había crecido, en que los niños habían partido . Y ahora, ellos dos vivía juntos.

Mu se sentó en la cama, depositando las tazas a un costado y tras un beso sabor miel, inició un nuevo día, de nuevo, juntos. 

Shaka pensó entonces, que ser un mono, no era tan malo. 

Fin.


*****************


eSTE fic, lo cree para un ficsoton de Mu y Shaka...pensé que jamás lo lograría por que no suelo escribir de ellos....son, ¿como decirlo? muy elevados para mi rupestre ser XDD.


lunes, 29 de junio de 2020

~El color de tus ojos ~[OneSHot]



Radamanthys abrió los ojos lentamente, y al hacerlo su vista se perdió un instante en los cortinajes colgantes de esa cama que no era la suya. Aspiró profundamente, llenando sus pulmones con aire y con la conciencia aún adormecida por aquel su aroma envolviéndole. Tan único. Su perfume permanecería en su cuerpo y alma horas, y luego, fingirán - ambos - que aquello no había pasado.


- ¿Sabías que hablas mientras duermes?

La voz, suave, dulce y aterciopelada provenía de un costado, donde ella permanecía de espaldas sentada, mucho más interesada en su reflejo de aquel rico espejo que del hombre que recién despertaba.

- Dije algo interesante? - en respuesta ella movió la cabeza muy levemente, negando. Aunque en realidad, es que si había sido interesante escucharle balbucear su nombre un par de veces. Con deseo, con necesidad. Con odio. Sentimientos compartidos y que en su contradicción hacían aquellos encuentros tan placenteramente divinos, tan ardientes.

Radamanthys estiró su cuerpo a placer antes de enderezarse y volver a observarla hinoptizado, mientras que ella, indiferente cepillaba su largo y sedoso cabello color azabache.

La luz de tenue de la habitación permitían al juez observan la silueta de Pandora, sus redondeadas formas apenas cubiertas por un delgado manto negro. Se permitió sonreír cerrando los ojos, en un chiste privado consigo mismo. Se sentó en el borde de la cama, viendo distraído el desorden de sábanas y las marcas rojizas en su cuerpo. Pruebas irrefutables de lo bien que lo habían pasado.

Se vistió con calma, suspiró cuando encontró su camisa echa jirones. Aveces, pensaba, que ella lo hacía a propósito. No, sabía que era adrede.

"Maldita bruja.."

El movimiento constante que Pandora hacía se detuvo abruptamente. Curioso, alzo la mirada. Como una bella escultura de marmol, muy quieta, Pandora perdida en sus recuerdos veía un punto al vació, completamente ausente.

No, comprendió, Pandora veía insistentemente un florero con rosas rojas que estaban en una mesita al centro de la habitación. Era curioso, pensaba, ella no parecía ser el tipo de chica que le gustaran las rosas. No era de ningún tipo, era única.

Como si estas notaran el peso de la mirada de la chica, las rosas empezaron, muy lentamente a secarse y morir. Ahora que lo reflexionaba Wyvern, nada en aquel castillo estaba con vida. Nada de lo que estaba cerca de esa mujer, fiel a su titulo como hermana de Hades.

¿Por qué la insistencia de traer siempre flores a su habitación?.

- Rojas... - murmuró.
- Hum.?
- No, nada - se levantó, dejando el peine en su lugar, caminando hacía aquel florero con las rosas podridas. Ni siquiera tuvo que extender la mano cuando estas se volvieron polvo.

Radamanthys seguía observándole, expectante. Esperando algo que nunca llegó, que nunca se dijo. Más bien, fue ella quien, gracilmente se movió hacía el juez del infierno, con aquel rostro pálido que no reflejaba ninguna emoción, pero que al verle dolía de tan hermoso, de tan perfecto.

- Dime, Radamanthys... - llegó frente a el, quien permanecía sentado en la cama y con una mano a su mentón, le obligó a verle - ...¿de que color son tus ojos?...

Con su habitual rudeza, el separó sus heladas manos de su rostro, sosteniendo sus pequeñisimas muñecas. Podría romperle la mano con un solo apretón, lo sabía. Incluso en aquel momento, sus manos parecían tan frágiles como las alas de una mariposa. Pero al mismo tiempo eran frías, poseía la frialdad que llegaba a su cuerpo por medio de sus manos acompañado de una rigidez que reconocia como el rigor mortis. La soltó.

- Son rojos..?

Ahora era ella quien lo contemplaba, aquel fiero y masculino rostro, a aquellos ojos tan relampagueantes como el mitico wyvern que el representaba. Ella en cambio, poseía los ojos del mismo color de las surplices de los espectros, pero al mismo tiempo eran, como dos pozos de noche infinitas, tan remotamente profundos que inexorablemente quien se atrevía a contemplarlos eran engullidos por estos.

- No los ves? - y el tan acostumbrado a doblegar a las personas más recalcitantes no podía con aquella su mirada, sintiendo como su voluntad cedia como agua en un colador.

- Aunque me dijeras, no podría recordarlo...- murmuraba, desapasionada.

Ella solo podía ver un triste mundo color gris.

¿A que te refieres?, quizó preguntar, pero su voz y sus dudas fueron acallados cuando ella empujó su cuerpo de nuevo a la cama, demandando obediencia, robando caprichosamente los besos de aquel hombre que ella tanto detestaba. Que tanto necesitaba.

Algún día, pensaba, deslizando su hombria dentro de ella, ella descubriría de que color eran sus ojos. Aunque suponía que eran del color del fuego, el fuego que sentía ahora en su interior y que era el único instante en que se sentía......

Viva

***

Fin

***

Este fue mi primer fic en la vida :c. 
Espero corregirle un poco ya que solo lo copie y pegue XD


~30 DDRABLE~ *Silver Fics*

Día 1: GUÍA


ー Como parte de su entrenamiento, deberían convertirse en maestros. Ser maestro es guiar a los caballeros de un nivel más bajo, cuidarlos. Ellos deben confiar en sus superiores, respetar la cadena de mando. Y sobre todo, conocerlos.

La reacción de cada uno de los caballeros dorados fue diversa. Máscara de Muerte gruñó, Afrodita rodó los ojos y Shura suspiró pesadamente. Ninguno estaba muy contento en convertirse en niñeros. La orden de plata era un grupo unido entre ellos, pero ajenos a los de la élite. Que eran ellos.

 La arrogancia era el punto débil de ellos, y era por esa razón que el patriarca les asignó dicha tarea. No tenían otra opción más que obedecer. A cada uno se les otorgó un caballero plateado.

 ー Can Mayor ー leyó Shura de capricornio, serio como era.
 ー Perros de caza. ー siguió Afrodita haciendo una mueca de asco.
ー Cerberus...ー bufó Mask y tras una sola risita añadió ー Nos tocaron puros perros sarnosos. 

Quedaron en silencio, viendo las asignaciones, con esa misma cara de malhumor de cada uno. Shura recordó cuando llegó al santuario y Aioros fue asignado para guiarlo en su entrenamiento. Mask conoció a Dante de Cerberus cuando era un niño gordinflón con una insaciable hambre y ganas de golpear todo lo que veía.

Pronto, Dante se convirtió en el maestro de las cadenas con mazas de pinchos, pero no precisamente por ayuda de Mask.

 Afrodita por su lado se llevó una buena impresión de un pequeño niño danés, que se ganaba la vida timando a la gente y saliéndose con la suya.

Dirigirle era fácil, solo tenía que tener pensamientos claros y Asterión obedecía. Si quería un té o que la basura se tirara, solo tenía que pensarlo; Asterión ya tenía todo listo.

 “Largo, ve a un lugar concurrido y trata de filtrar cada pensamiento” indicaba mientras atendía sus rosas venenosas .

 Asterión obedecía y terminaba con dolor de migraña.

 Shura por su lado, no tenía ni idea que hacer con Sirius, el perro alemán. A quien encontró viviendo en un cementerio, cuidando las tumbas. Un niño flaco, narigón.. No parecía tener ninguna habilidad especial. Ni física ni social.

 De cierta manera a Shura le agradaba eso, asi no recordaba a Aioros quien poseía una radiante personalidad, fuerte, atrayente...cautivadora.  Su admirado Aioros, siempre idealizado por el. ¡Que torpe había sido!.

. Sirius no se parecía nada en Aioros…excepto por la forma en que el can mayor lo veía:  Con devoción. Con amor.

 Solo habían sido tutores por un poco tiempo, solo enseñandoles lo básico para su verdadero entrenamiento.

Solo guiando el sendero que en adelante tomarían, Aún así, cuando los tres dorados se reunían, solían hablar , orgullosos, de sus “cachorros” los perros de plata.

 ****
FIN


 Notitas: Esta basado esto en varios arts vistos en privx, donde, por algun motivo, los dorados termina adoptando a cada uno "un perro" de plata. jeje. Me gusto la idea, y aunque las pocas palabras no me lo permitieron mucho, quería pasmas esa idea en un pequeño fic jeje.. ejemplo de doujini :

https://www.pixiv.net/member_illust.php?mode=medium&illust_id=39581155